Ricardo Lagos

Ricardo Lagos Escobar, forjador de su época

06 de March de 2014

La decisión más compleja que tomó el presidente de Chile Ricardo Lagos Escobar durante su mandato fue decirle no al presidente Bush frente a su decisión de iniciar la guerra contra Irak. Chile estaba en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. “Yo sabía que el presidente Bush necesitaba el voto de Chile para llegar a los nueve que requería.

Por lo tanto, me involucré en el tema. Manteníamos un trato muy cordial. Yo era Ricardo, él era George. Conversábamos mucho”, le dijo el expresidente Lagos a Latin Trade.

En los momentos previos al conflicto, Ricardo Lagos trabajó denodadamente con el primer ministro británico Tony Blair, para tratar de llegar a una resolución conveniente dentro de Naciones Unidas. “La declaración de la guerra y de la paz en el mundo de hoy se hace en el Consejo de Seguridad”, afirmó.

Sin embargo, la solución no parecía sencilla. Lagos Escobar empezó a recibir llamadas del presidente Bush en las que le confesaba que le había encargado a su compañero de equipo Tony Blair la tarea de convencerlo. “Me di cuenta de lo que se me venía encima”, refiere con gracia.

En una llamada definitiva, el mandatario estadounidense quería saber si contaba con el voto de La Moneda. “Le dije: ‘Presidente, esperemos un mes más. Hans Blix, el inspector (de la comisión de vigilancia, verificación e inspección de Naciones Unidas) lo necesita para saber si existen las armas de destrucción masiva. Si existen, vamos con todo. Tiene usted mi voto’”, refiere el expresidente.

Bush insistió en no poder esperar, dijo que debía ir a la guerra en ese momento. “Presidente, yo creo que es indispensable un mes más”, replicó Lagos. El mandatario norteamericano reiteró su apremio. “En estas circunstancias, tuve que decirle ‘No’”.

Y repitió la negativa más adelante. Tomada la decisión de invadir, Bush le pidió al presidente chileno que lo acompañara en la Coalición de la Voluntad, que conformó con algunos de sus países aliados. “Tuve que decirle: ‘Presidente, somos muy amigos, pero eso está fuera del Consejo de Seguridad. No puedo ir a la guerra porque eso debilita la institucionalidad internacional y eso para Chile es muy grave’”.

“Me di cuenta de que no le gustó mi respuesta. Me dijo: ‘Señor presidente –ya no me dijo Ricardo –, le agradezco la franqueza’. Y yo le dije: ‘Señor presidente, los amigos son para decir las cosas con franqueza. Porque me considero su amigo puedo ser franco y decirle lo que pienso’”.

La historia tiene un desenlace feliz para Chile. “Esta conversación fue en marzo de 2003. Habíamos terminado de negociar el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos en diciembre de 2002. Estábamos en proceso de hacer las traducciones”. Pero, contra lo que muchos esperaban, el acuerdo se firmó en junio de 2003. “En honor a la verdad, nunca recibí una presión de nadie que me dijera que teníamos que decirle sí a la guerra para aprobar el tratado. Entendí que el libre comercio era el libre comercio y que aquello era un entendimiento mutuo”.

Los tratados

Ricardo Lagos valora mucho el comercio internacional. De hecho, considera que, sin discusión, la política que más ha impulsado el crecimiento económico chileno en los últimos 20 años ha sido la firma de los acuerdos de libre comercio. Recuerda, por ejemplo, que cuando se firmó el tratado con la Unión Europea en noviembre de 2002 “ni un solo frigorífico en Chile pasaba los estándares de calidad que debían tener para exportar carne a Europa”. Hoy ese país tiene una cuota de exportación de carne de calidad especial de 40.000 toneladas. “Un acuerdo de libre comercio es un incentivo para agregar valor al producto primario y de esa manera tener un mayor potencial de producto y empleo”, resume.

Durante su mandato se firmaron nueve tratados de comercio entre los que están los de Estados Unidos, China y Corea y el de la Unión Europea, que les abrieron el mercado de 27 naciones. “El 95 por ciento del comercio de Chile se hace bajo el alero de un acuerdo de libre comercio. Nuestra tarifa media es 2 por ciento”, señala.

El expresidente Lagos ha sido siempre amigo de las transformaciones grandes. Antes de ocupar la presidencia, como ministro de Obras Públicas, había logrado convencer a sus funcionarios sobre la necesidad de conformar asociaciones público-privadas para desarrollar la infraestructura que su país necesitaba. “La incorporación de capital privado en las grandes autopistas nos permitió doblar el nivel de inversión en infraestructura”, señala.

Pero más interesante, el dinero que no empleaban en las obras grandes por la entrada de los fondos privados, los usaban en infraestructura social. “El modesto camino secundario, ese que era polvo en verano y barro en invierno, ese lo hacíamos con recursos públicos”, explica. Implantar esa decisión fue difícil, porque la participación privada tenía opositores incluso entre los líderes de su propia corriente política. “Esto es para ponernos al día, les decía”.

Políticos y técnicos

Parecería que Chile lo ha hecho todo bien. Está a pocos años de ser el primer país desarrollado de América Latina. Su ingreso per cápita casi se quintuplica entre 1993 y 2012 al pasar de US$3.417 a US$15.356. Pero además es el país más competitivo y el segundo con mejor capital humano.

Los chilenos consiguieron que sus políticos ayudaran al crecimiento. ¿Cómo lo hicieron? “Lo importante es tener una idea del país; dónde queremos que esté el país en los próximos 20 años. El problema del político, por definición, es que mira la próxima elección. Pero hay que mirar las necesidades de la próxima generación, no de la próxima elección”, dice.

Por eso, les propone a los políticos que usen su liderazgo y su vocería para explicar por qué, en ocasiones, hay que tomar medidas que aunque no sean populares tienen que ver con el largo plazo. Pone como ejemplo la decisión que forzó a Chile a ahorrar parte de los ingresos en las épocas en las que suben los precios del cobre, para poder gastar más en tiempos de dificultades. “Aprendimos que debíamos tener políticas contracíclicas. A los políticos nos falta esa mirada de largo plazo para poder entender cómo servir mejor a nuestro país”, sostiene.

Pero cuando se le pregunta si los técnicos deberían entonces dedicarse a educar a los políticos, el expresidente chileno está en desacuerdo. “Creo que tiene que haber una educación recíproca, porque los técnicos a veces no entienden que también hay demandas políticas que son indispensables”. Por ejemplo, los técnicos deben entender que los políticos, como la democracia, tienen que mostrar resultados.

Pero hay más. “Los técnicos pueden contar que el país está creciendo maravillosamente bien al 5 por ciento. Pero si el ciudadano ve que su calle sigue con los mismos hoyos, que hay inseguridad en el vecindario, que el transporte es malo, que la escuela tiene pupitres desvencijados ¿qué saca usted con decirle sobre el 5 por ciento de crecimiento, si él no lo ve en ninguna parte?”. Esos son los casos que justifican la educación en la otra vía. “Entonces hay que decirle a veces al técnico: permítame mostrarle algo de ese cinco por ciento al ciudadano común”.

Los cambios de enfoque

¿Cómo ve el cambio económico latinoamericano? Ricardo Lagos piensa que en estas últimas dos décadas hubo transformaciones que le cambiaron la fisonomía a la región. Una primera está en que, “después de tantas crisis, hemos aprendido a manejar la macroeconomía. Hemos aprendido que las cuentas fiscales deben estar en orden, que la inflación es un flagelo que hay que combatir, que la política monetaria es muy importante”. También, agrega, la región aprendió a compatibilizar la democracia y los temas como los derechos humanos, con el crecimiento económico.

Además, América Latina comprendió la necesidad de “incorporar ciertas políticas sociales bien focalizadas de manera de que se asegure que si tenemos éxito en las medidas macroeconómicas y hay crecimiento que ese crecimiento llegue a todos los sectores”.

Por otra parte, señala, cada vez más países entienden que la globalización no tiene marcha atrás. “La globalización está para quedarse. Nos guste o no nos guste; es un hecho”. En el continente, sostiene, se ha entendido mejor que se pueden abrir las economías para tener mercados más grandes y que se deben tomar medidas para tener una economía más global.

De todo esto han salido resultados buenos. Menciona el caso del sistema financiero que mejoró su operación después de sus múltiples crisis regionales. “Basilea I, Basilea II, los cumplimos todos. Ya vamos camino de Basilea III, cuando todavía otros están discutiendo si Basilea III va a estar en aplicación en Europa en 2018. Hemos vadeado bien este período de crisis institucional”.

Finalmente menciona otro punto. El crecimiento de Asia que, naturalmente, no es hechura latinoamericana, pero que, dice, ha sido bien aprovechado porque la región ha sabido prepararse para los tiempos de bonanza.

Independiente, disciplinado, serio, promotor del libre comercio y de la inversión, muy apreciado en su país, Ricardo Lagos no es sólo un hombre de su tiempo, sino que lo transformó de tal forma que se podría decir, sin exagerar, que también es uno de los forjadores de su época.

via latintrade.com

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